A lo largo de los años de mi desarrollo laboral en el mercado latinoamericano, me ha tocado colaborar con un amplio abanico multicultural de profesionales de las telecomunicaciones, no solo en mi país, sino en muchos otros países de la región. Ha sido un privilegio poder aprender del modo de trabajo, estilo de vida y de la forma de interactuar de esta mezcla multicultural conformada por 20 países con aproximadamente 630 millones de habitantes, dos idiomas oficiales y más de dos docenas de dialectos regionales.

Tropicalizar es adaptar

Por años también, me ha tocado ver cómo empresas extranjeras fracasan al tratar de trasladar sus políticas, modo de operación e implantación de metodologías a las grandes corporaciones y compañías latinoamericanas. Haciendo uso de la terminología coloquial, me ha tocado ver cómo “toparon con pared”. Sin embargo, fue en unos de esos colosos de las telecomunicaciones en México donde escuché por primera vez el término “tropicalizar”, que desde entonces me pareció fascinante.

Haciendo uso de la terminología coloquial, me ha tocado ver cómo esas compañías “toparon con pared”.

La tropicalización consiste en adaptarse al mercado, entender al cliente, pero, sobre todo, entender los modos y las formas latinoamericanas, mucho menos estructuradas, menos predecibles y directas que las de los clientes de otras regiones. El latinoamericano es un cliente por demás difícil de leer y, para los puristas de las ventas, un escenario poco atractivo.

Tropicalizar, entonces, describe la metodología que siguieron aquellas compañías extranjeras que se aventuraron en Latinoamérica con éxito. Esas mismas empresas saben que no solo se trata de una adaptación exacta de sus prácticas, sino que también se trata de saber utilizar las diferencias en su beneficio. Después de todo, cualquier negocio o proyecto debe encontrar el balance perfecto entre afinidad de visión, afinidad de estilos y afinidad cultural, usando la adaptabilidad como la conexión invisible de esos tres factores.

Un portafolio adaptable

En estos casi tres años de trabajo con ECT, la multiculturalidad de nuestra compañía ha sido la clave para penetrar exitosamente en el mercado latinoamericano. En ECT, no solo tenemos colegas mexicanos, sino también ecuatorianos, colombianos, brasileños, italianos, paquistaníes, turcos, griegos y de muchas otras nacionalidades. La nuestra, es una compañía donde existe una gran riqueza humana y profesional.

En estos casi tres años de trabajo con ECT, la multiculturalidad de nuestra compañía ha sido la clave para penetrar exitosamente en el mercado latinoamericano.

Por eso mismo, la tropicalización de ECT, una empresa histórica y geográficamente ligada al mercado europeo, ha sido exitosa (aunque no por eso sencilla). Gran parte de ese éxito se debe a la calidad humana de nuestra dirección general; la otra, a la riqueza multicultural de sus empleados, deseosos de triunfar –como es mi caso– en un país lejos de aquel en el que nacieron.

Traductor de ideas

En el plano personal, ha sido un desafío grande pero satisfactorio dar forma y cuerpo al desarrollo de la subsidiaria para América, a través de la transformación y reinvención de cada paso de la estrategia corporativa para la región. No solamente es desafiante manejar una zona tan grande, diversificada y multicultural, con todas las aristas que eso implica, sino que también está la necesidad de ser una especie de traductor entre los clientes y la filosofía europea. Poco a poco hemos transformado la región de una simple promesa a una fructífera realidad.

Aquellos que me conocen personalmente pueden dar fe de que los logros solo llegan con un sólido equipo de trabajo, acompañado de incontables horas de desvelos y sobrevuelos, e incluso –probablemente lo más difícil– del sacrificio de horas familiares. La pasión y el empuje en las actividades laborales es imprescindible para mantener el ímpetu de la región y extender en América el éxito de ECT en el Viejo Continente.

La gran lección tanto en el plano personal como en el laboral que ECT ha traído a mi vida es que adaptarse a un ambiente profesional, impulsar acciones exitosas en el día a día, y entender que de nuestras ideas y aportaciones no solo nosotros crecemos, sino también nuestros clientes y nuestros colaboradores. ¡Sigamos entonces con esa tropicalización!

Omar Salazar Brenes

Autor Omar Salazar Brenes

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