Cuando Hans Huber, Walter Rott y yo comenzamos a trabajar en el plan de negocios inicial para ECT, hace alrededor de 22 años, tomamos la decisión consciente de basar nuestra compañía en ciertos valores fundamentales, y uno muy importante siempre ha sido la diversidad.

Por muchos años, nuestra industria de las telecomunicaciones ha demostrado gran volatilidad, y realmente no me viene a la cabeza una sola compañía especializada en soluciones para servicios de valor agregado en telecomunicaciones que siga existiendo luego de los últimos 20 años. La diversidad no solo es una de las principales razones por las que sobrevivimos, sino también una por la que incluso logramos prosperar.

Nos aseguramos de que nuestras relaciones de negocio estén distribuidas equitativamente entre muchos clientes internacionales y así evitamos depender de un solo país o región geográfica, así como de uno o dos clientes clave. También mantenemos un portafolio de productos diversificado en lugar de especializarnos en solo un mercado en particular, como podría ser UC o servicios de call center en la nube.

En nuestra compañía, no solo empleamos independientemente de raza, orientación sexual, color, religión, edad, nacionalidad, o discapacidad; buscamos diversidad.

En nuestra compañía, no solo empleamos independientemente de raza, orientación sexual, color, religión, edad, nacionalidad, o discapacidad; buscamos diversidad. Nuestra política de recursos humanos dicta que realicemos búsquedas de talento siempre en lugares distintos del mundo. No toleramos a aquellos que son distintos; los apreciamos porque son distintos. Actualmente, nuestro equipo en Múnich se conforma de expertos de más de 40 países diferentes. La mayoría de estos colegas se mudaron a Alemania para unirse a ECT. Cerca de 20% son mujeres (porcentaje que estoy empeñado en incrementar), y tenemos virtualmente representación de cada continente y religión. Nuestro trabajo se enriquece tremendamente gracias a las diferencias culturales, educativas y laborales que cada uno de nosotros aporta.

Sin embargo, volviendo al título de este post, recientemente llegué a la conclusión de que, a pesar de todo lo anterior, aún debo cambiar aspectos importantes de mi propia actitud en lo que respecta a la diversidad.

Esto fue lo que sucedió.

Nuestro trabajo se enriquece tremendamente de las diferencias culturales, educativas y laborales que cada uno de nosotros aporta.

Volvía de unas vacaciones en España y quedé varado en la sala ejecutiva del aeropuerto. Para pasar el tiempo, me hice de la edición del 24 de junio de Bloomsberg Businessweek, y leí una entrevista con el ex director ejecutivo de BP, John Browne. Trataba acerca del grave precio que pagó por no salir del armario en su vida corporativa. Browne, que recientemente publicó un libro autobiográfico acerca del tema (The Glass Closet), narra cómo tuvo que vivir una doble vida al interior de BP, incapaz de dejar que otros colegas, socios y clientes de BP supieran que es gay. Junto con esta entrevista, Bloomberg publica declaraciones individuales de 11 ejecutivos gay de distintas compañías, casi todas estadunidenses. Todos concuerdan en un punto, específicamente: cuán importante es tener directores ejecutivos gay como modelos a seguir para jóvenes que entran al mundo empresarial.

Al interior de mi compañía, siempre he tratado de la misma manera con dos características de mi vida personal: ser gay y ser judío: cualquier colega que me pregunte, recibe una respuesta sincera y directa. Luego de haberlo hablado con mi familia y amigos desde que era joven, esta parte nunca ha sido particularmente complicada. Por lo tanto, parecía que estaba cumpliendo con mi parte.

¿Pero cuán importante es decirlo abiertamente en todo el ecosistema, es decir, con clientes, proveedores, socios, inversionistas y demás?

Luego de haberlo hablado con mi familia y amigos desde que era joven, esta parte nunca ha sido particularmente complicada. Por lo tanto, parecía que estaba cumpliendo con mi parte.

Browne analiza cuánta gente –tal vez incluso profesionales LGBT confesos– pretenden ser hetero al realizar negocios en el mundo exterior puesto que “aún creen que las actitudes de clientes y aquellos fuera de las grandes ciudades siguen siendo anticuadas y se muestran en desacuerdo con la gente gay. Por esa razón, cambian la manera en que lidian con sus relaciones oficiales.”

Esta observación me sacudió tremendamente, puesto que es lo que yo he hecho durante los últimos 20 años: mantener mi vida personal privada para no arriesgar oportunidades de trabajo.

Por ejemplo, con frecuencia asisto a cenas con otros directivos de grandes compañías asociadas o que son clientes de ECT. Inevitablemente, la gente comienza a charlar sobre sus familias y, cuando me preguntan, respondo que llevo más de diez años casado, aunque obviamente no menciono que estoy casado con un hombre. Si alguien quiere saber si tengo hijos, solo respondo que no. A veces, aunque muy ocasionalmente, alguien hace un comentario sexista u homofóbico y yo me limito a ignorarlo.

Como Browne dice, no basta con decir que tu compañía está en favor de la diversidad y la igualdad.

Por increíble que parezca, he seguido la misma línea con el hecho de ser judío. Por ejemplo, en una ocasión, acompañaba a una delegación de una gran corporación no europea a nuestras oficinas en Múnich. Recién habíamos firmado un contrato multimillonario en euros y estaba sentado en el avión junto al ejecutivo que había tomado la decisión en favor de ECT. Lleno de curiosidad por saber cuál había sido el USP de nuestro portafolio que lo había convencido, le pregunté por qué eligió a ECT por encima de la otra compañía preseleccionada, que resultaba ser de Israel. Él respondió: “No les compramos a judíos”. Y yo no dije nada. Al poco tiempo, estaba en una compañía de las Fortune 500 en una parte distinta del mundo, compitiendo contra el mismo proveedor israelí, en otra licitación. Luego de leer un comunicado de prensa sobre el contrato antes mencionado, el tomador de decisiones principal del lugar me preguntó frente a una veintena de hombres de negocios por qué nos habían elegido en lugar de a los israelíes. Respondí con la verdad: me dijeron que no les compran a judíos. Esperaba que todos quedaran boquiabiertos. En su lugar, este ejecutivo respondió: “Soy de Texas, así que lo entiendo”. No dije nada, a pesar de tener a un israelí y colega de ECT sentado junto a mí en esta reunión.

Por tanto, como pueden ver, el artículo de Browne que leí por accidente en una sala de espera de un aeropuerto me puso a pensar. Decidí en ese momento que hacia adentro y afuera de ECT jamás volvería a dudar en alzarme en favor de la diversidad que represento como un director ejecutivo y emprendedor gay y judío. Como Browne dice, no basta con decir que tu compañía está en favor de la diversidad y la igualdad. “Hay cosas importantes que decir, pero en realidad lo más importante es ver… eso hace que la gente se sienta a salvo… La gente necesita ver que la gente realmente está incluida.”

Browne menciona cómo una vez en una feria de reclutamiento para abogados y banqueros conoció a dos chicas que se detenían ante cada expositor a preguntar sobre políticas LGBT. Cuando se les acercó, le explicaron: “Somos hetero, pero en realidad nos interesa ver cómo las compañías lidian con la inclusión LGBT, puesto que si lo logran hacer correctamente, entonces es probable que lo hagan todavía mejor con respecto a género”. Verdaderamente quiero incrementar el número de mujeres en desarrollo de software, y tal vez mi nueva actitud ayude en algo.

Construir, mantener y defender la diversidad es benéfico para las empresas.

Marshall E. Kavesh

Autor Marshall E. Kavesh

Chief Executive Officer at ECT

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