Sin pararnos a pensarlo, damos por hecho que la liberalización de nuestra industria de las comunicaciones y su globalización nos beneficiaría a todos. Aquellos que me conocen saben que no creo que haya ventajas sin inconvenientes. Al principio, dejamos de revisar las ventajas prometidas por los propulsores de la liberalización.

Antes de la liberalización, p. ej. en Alemania antes de 1998, había solo una empresa de telecomunicaciones, un monopolista, propiedad del Estado, controlado por este. Sin competencia, no se espera que en una posición monopolista funcione eficientemente. A través de la liberalización y de la globalización resultante de esta, se supuso que se producirían entre otros los siguientes beneficios:

  1. Una optimización de la relación calidad – precio de los servicios
  2. Una ampliación del abanico de proveedores y por consiguiente de los servicios innovadores
  3. Un aumento de la accesibilidad y del alcance por parte de los usuarios

Calidad – Precio

¿Qué significa para nosotros la calidad de la comunicación? Si hablamos principalmente de la calidad de la transmisión o de la recepción, está claro que la calidad empeoró después del fin de los monopolios. Los que lo experimentaron, saben que hubo un tiempo en el que cada llamada estaba conectada inmediatamente con una recepción perfecta y sin interrupciones.

En lo que se refiere a la calidad del contenido de la comunicación no podemos apreciar realmente ninguna mejora. Piensa en todas las comunicaciones indeseadas que recibes cada día o en como tienes que responder a mensajes instantáneos y llamadas en los diferentes escenarios cotidianos   con un contenido de baja calidad. Si un desconocido te contacta, no puedes saber si se trata de alguien con una identidad inventada o es un bulo. Creo que se puede apreciar como la calidad ha empeorado.

Y ¿qué ocurrió con el precio? Por supuesto hemos experimentado una virulenta sacudida de los precios debido a la liberalización, pero tal vez hoy día, la comunicación nos cuesta más que nunca; y no me refiero solo al dinero que gastamos en la compra de múltiples dispositivos de última generación o en la adquisición de una gran cantidad de servicios de diferentes proveedores, sino también el precio demasiado alto, que pagamos por todos los servicios gratuitos que invaden nuestras vidas y escavan en nuestros datos privados para manipularnos y controlarnos. Si escribes un mensaje tienes que tener cuidado con no mencionar temas que podrían ser usados para venderte algo, o mucho peor, para enviarte anuncios políticos dirigidos para inclinar la balanza de campañas presidenciales, como en el reciente caso de Facebook y Cambridge Analytica.

En resumen: la liberalización de las telecomunicaciones no solo mejoró la relación calidad – precio, sino que la empeoró.

Más Proveedores y Más Servicios Innovadores

Muchos nuevos participantes ingresaron en el mercado inmediatamente tras la liberalización pero ¿cuantos de ellos existen todavía hoy?

El mercado se consolida desde que fue abierto hasta hoy día y no solo a nivel nacional, sino global. Numerosos proveedores están siendo absorbidos por jugadores globales. La mayoría de los países con mercados abiertos no tienen ningún proveedor nacional propio. Este proceso podría continuar hasta que queden solo unos pocos monopolios. Pero ¿qué tipo de monopolios? Después de que el monopolio nacional de las telecomunicaciones perteneciera al estado, y con él, los intereses públicos, los monopolios actuales son ya tan grandes que podrían huir de las manos de los estados nacionales.

Encontramos la misma situación en el sector de los productores de soluciones y tecnología. Mientras los mercados nacionales estaban cerrados había especialistas nacionales en la mayoría de los países más importantes como Lucent en los EE UU, Ericsson en Suecia, Siemens en Alemania, Nokia en Finlandia, Alcatel en Francia, etc. Hoy día todas estas empresas se han fusionado formando solo dos megaempresas y los analistas esperan una fusión futura de ellas de modo que haya solo dos productores a nivel mundial, uno en China y otro en Europa. Pero ¿cómo de seguro sería el mundo si la infraestructura de las redes de telecomunicación viniera de China?

De innumerables startups fundadas en el corto periodo desde la liberalización hasta la caída del DOTCOM solo algunas como nuestra empresa ECT siguen teniendo éxito, creando y transformando continuamente sus nichos de mercado. La globalización y la cultura de startups no proporcionan el fundamento indicado para la verdadera sostenibilidad. Esta afirmación es producto de mi experiencia personal.

Un menor número de proveedores implica siempre menos pluralidad. Aunque cada día surgen miles de Apps nuevas, la mayoría de ellas, supeditadas a las reglas de Google y Apple, lo que tiene como resultado una homogeneidad global. Generalmente, la innovación está limitada a trasladar los servicios conocidos a la nube, como por ejemplo el PBX, del mismo modo que Hollywood está haciendo réplicas de viejas películas populares porque no tiene el valor suficiente para crear algo nuevo.

Naturalmente, nuestra empresa ECT, especialista en el desarrollo de servicios de valor añadido, desarrolla también servicios estándar y “me too” pero estamos invirtiendo la mayor parte de nuestro tiempo y dinero en innovación. Sin embargo, estamos experimentando en las interacciones con proveedores de todo el mundo su resistencia a cualquier forma de servicio innovador. Casi nadie quiere lanzar algo completamente nuevo por primera vez.

En resumidas cuentas: la globalización no soporta la pluralidad de proveedores ni de servicios.

La accesibilidad y el alcance del usuario

En el nuevo mundo después de la globalización cada persona debería poder comunicarse con todo el mundo siempre y en cualquier lugar. Seguramente este mundo aún no existe porque hay muchas regiones, como en México, sin servicios básicos y un gran número de países, como por ejemplo Alemania, con cobertura limitada (Para proveedores privados que no son propiedad del Estado no vale la pena invertir en regiones pobres o poco pobladas.)

Además, hay muchas islas de la comunicación independientes como Skype, WhatsApp, Facebook, Twitter, etc. que tienen grupos cerrados de usuarios no contactables fuera de dichas islas. ¿Has visto recientemente una tarjeta de visita o la página “contáctanos” de un sitio web con más direcciones que nunca: Twitter, Facebook, LinkedIn, Skype…y tal vez también un número de teléfono?

En realidad no querríamos que cualquier persona pudiera contactarnos en cualquier momento, sino que nos dejaran en paz. Antes solo los ricos se podían permitir un Smartphone; hoy en día solo los ricos tienen  suficiente dinero para contratar un asistente que haga todas las transacciones en la red y se ocupe de los mensajes y llamadas en su lugar, o sea evitar completamente los servicios de comunicación y así mantener su privacidad.

El futuro

A pesar de que veo la liberalización de las telecomunicaciones y la globalización de nuestra industria de forma muy escéptica, espero no haberte dado la impresión de lo que sería un anciano malhumorado que quisiera detener el reloj o mejor aún volver a los buenos tiempos pasados. Me interesa su futuro más que su historia. Aunque creo que los estados, los proveedores y los consumidores podrían aprender de la historia para reformar el sistema.

El estado debería reconocer su obligación de regularizar los mercados esenciales para garantizar los intereses públicos. De la misma manera que los efectos no intencionados de la liberalización de abastecimiento de agua se corrigen mediante la regulación, los políticos deberían tomar en consideración lo siguiente:

  1. La aplicación de las mismas regulaciones tales como el soporte de las llamadas de emergencia, la intercepción legal de llamadas y mensajes, el suministro de los datos para usos judiciales y la presencia en la red pública nacional con la capacidad de mantener los servicios en caso de desastres, tanto para los proveedores nacionales como para aquellos que realizan sus servicios fuera de sus fronteras.
  2. La regulación y control del ahorro y de la utilización de todos los datos de los usuarios y abonados, incluyendo al menos la absoluta transparencia para los mismos, el requisito de la previa autorización para el uso específico de los datos y la prohibición del guardado de datos fuera del estado nacional.

En general, los proveedores deberían armarse de valor y no solo defender su posición sino atacar a los proveedores globales de servicios OTT exigiendo a los políticos la creación de una regulación justa y uniforme para todos los participantes ubicados dentro y fuera del estado. En este caso los proveedores podrían ofrecer a los consumidores servicios más innovadores que eviten el aislamiento de los OTT.

Los consumidores deberían aceptar que no hay nada gratuito y tener cuidado con las estrategias comerciales que hay detrás de los servicios gratuitos. Más allá de adorar el concepto de que “todo podría ser mejor si fuera más rápido y voluminoso”, deberíamos cuestionarlo. En lo que a la comunicación se refiere, la calidad podría ser mejor si realizáramos menos comunicaciones a velocidad inferior.