Estuve justo cuando se liberaron las telecomunicaciones en el Reino Unido, a mediados de los noventa: una mujer en un mundo de hombres. Obtuve una de las primeras licencias internacionales de reventa, inicié mi primera compañía, y me convertí en la directora general. Aquellos eran tiempos frenéticos, emocionantes y, en ocasiones, brutales. Muchos cambios han ocurrido desde entonces. Recientemente me detuve a pensar qué fue lo que me ayudó a seguir adelante durante aquellos días y a llegar adonde me encuentro ahora con ECT, una compañía que fundé junto con mi hermano, Marshall Kavesh. Quiero compartirles un poco sobre esa reflexión.

Territorio desconocido

Lo primero que debo decir es que, en aquel entonces, en la época en que las telecomunicaciones comenzaban a liberalizarse en el Reino Unido (1995), prácticamente no había mujeres en este campo. Al menos así se sentía. Probablemente eso mismo sucedía en cualquier otra industria, pero las telecomunicaciones no era la típica rama en la que las mujeres querían trabajar. Aquello se debía a que existía gran reticencia a tomar los conocimientos de nosotras con seriedad, en especial en asuntos técnicos y de negocios. Recuerdo una cultura con un sexismo muy arraigado y centrada en la santísima trinidad de futbol, rugby y cervezas; si no podías contribuir en alguno de esos puntos, probablemente nadie te tomaría en cuenta. Realmente era un mundo de hombres.

Por supuesto, estoy segura de que había muchos hombres que no tomaban parte ni fomentaban esa cultura, pero el punto es que era mucho más fácil para ellos incluso pretender que les interesaba. En ocasiones fue difícil, pero nunca fue suficiente para frustrarme. Nunca es fácil que no te tomen en cuenta, en especial cuando eso lleva implícito aquel “trato especial”: a veces los hombres esperaban algo extra a cambio de hacer negocios con ellos. El movimiento #MeToo deja ver que, como sociedad, hace falta mucho trabajo todavía para alcanzar una igualdad de género, pero la cultura que fomenta ese tipo de comportamientos al menos comienza a ceder.

El mundo actual se mueve distinto que en aquel entonces, y hubo muchas ocasiones en que tuve que tomar decisiones difíciles. Confieso que no siempre tomé la decisión correcta.

Igual que ellos

Todo esto deja ver que tenía que esforzarme. Y debía ser dos veces mejor que el resto; necesitaba tener todas las respuestas, y siempre estar un paso delante de mí y de todos aquellos que querían verme fracasar. Sin embargo, lo que mejor aprendí fue a responder a las patanerías con profesionalismo. Después de todo, ¡fui yo la que logró la primera venta de ECT! Durante los últimos 18 años he sido directora general de la subsidiaria británica de ECT, y responsable de las ventas en Reino Unido, Irlanda y el Sur de Europa; he sido parte vital de nuestro crecimiento y éxito. ¡Yo diría que ha sido una estrategia exitosa! Cuando reflexiono acerca de qué fue lo que me permitió crecer en el entorno que anteriormente describí, me doy cuenta de que todo fue gracias a mi entrenamiento… pero no es del tipo de entrenamiento que podría esperarse. Hablo de mis cuatro hermanos.

Crecer con la rudeza de cuatro hermanos en casa me acostumbró a lidiar con la compañía masculina desde temprana edad. Al jugar y crecer con mis hermanos, aprendí a defenderme y a que era igual que ellos, incluso si me veía diferente. Pero lo más importante que aprendí, y que jamás he olvidado, es que ser mujer no me hacía menos: ellos y yo éramos iguales. Entender que no había diferencia es lo que realmente me sirvió como mujer fuerte de negocios: pude pasar sin sobresaltos de un entorno dominado por hombres a otro entorno dominado por hombres.

De acuerdo con el más reciente estudio de la industria, realizado en 2015 por la GSMA, menos de 40% de los colegas en tres cuartas partes de las compañías encuestadas eran mujeres, y el número varía tremendamente de 10 a 52% de región en región. A pesar de que esto tiene relación con los datos demográficos por género de las compañías tecnológicas en general, no deja de sorprender, ya que las organizaciones que buscan activamente la diversidad suelen obtener mejores resultados que su competencia menos diversa. El mismo reporte nos dice que “las compañías con diversidad de género y que utilizan el talento femenino con efectividad son 45% más propensas a reportar un crecimiento en participación de mercado”. Es por eso que en ECT es prioritario atraer a más mujeres a trabajar con nosotros. Recién se integró una nueva Scrum Master a uno de nuestros equipos, y nuestro equipo de innovación se compone en su mayoría por mujeres. Eso se debe a que entendemos lo que la diversidad proporciona a una compañía como la nuestra, y cómo eso nos beneficia tremendamente a todos los colegas sin importar nuestro género.

Pero lo más importante que aprendí, y que jamás he olvidado, es que ser mujer no me hacía menos: ellos y yo éramos iguales.

Más para las madres

Para lo que no estaba preparada era para convertirme en una mamá trabajadora. Me enorgullece ser la madre de tres y, ahora que ya son adultos exitosos, puedo mirar atrás y enorgullecerme de lo que logré como mamá. Sin embargo, no siempre fue fácil. El mundo actual se mueve distinto que en aquel entonces, y hubo muchas ocasiones en que tuve que tomar decisiones difíciles. Confieso que no siempre tomé la decisión correcta.

Cada padre tiene una historia como esta, estoy segura, pero hay un ejemplo que no puedo sacar de mi mente: había planeado unas vacaciones con mis hijos y todos estaban muy emocionados, pues eran muy pequeños. Cada uno había planeado una parte diferente, lo cual hacía más emocionante el viaje pero, al mismo tiempo, más frustrante su desenlace. Recibí una llamada de última hora diciéndome que debía ir a Milán en viaje de negocios, y nuestras vacaciones quedaron en pausa. Con frecuencia pienso en ese viaje y desearía haber elegido ir de vacaciones; no podemos regresar en el tiempo a esos momentos y, por importante que se sienta el trabajo en este momento, no será así como lo recordemos en el futuro.

No hay palabras para expresar lo importante que es la diversidad para ECT y, desde el primer día, ese ha sido el objetivo. Cada cultura lidia con el cuidado de los niños y la responsabilidad familiar de una manera distinta, así que nuestra prioridad como compañía es ser tan flexibles como nos sea posible. Es por eso que utilizamos una política flexible para que todos en nuestro equipo puedan estar para sus hijos cuando sea necesario: al alistarse para la escuela, para acompañarlos a la escuela y en el regreso a casa. De hecho, nuestras colegas se llevan esta flexibilidad a casa. Fue hace mucho que todo esto se consideraba una actividad exclusiva de las mujeres. Esperamos que esos beneficios ayuden a ECT a destacar como una opción atractiva para las mujeres que buscan sobresalir en nuestra industria.

Creo que el objetivo de la sociedad debería ser la búsqueda de una reducción colectiva al mínimo del número de elecciones difíciles que las madres trabajadoras deben hacer. Recientemente leí una entrevista con Sydney Leroux, delantera de Orlando Pride y parte de la selección nacional femenil estadunidense. “Con frecuencia, las mujeres tienen que decidir entre la maternidad y sus carreras”, dijo, luego de revelar que gastó más dinero en cuidados para sus hijos que lo que ganó como jugadora de futbol durante todo el año anterior. Eso es sorprendente si consideramos que su equipo ganó la Copa Mundial. ¿Acaso sucedería algo similar con los representativos varoniles de futbol? Creo que todos sabemos la respuesta. He aprendido mucho con el paso de los años, y me ha tocado ver cómo ocurren cambios que ahora damos por hecho. Sin embargo, siempre podemos hacer más, y así debe ser. ¡Por eso mismo, deseo que tantas mujeres como sea posible vengan y hagan su mejor trabajo en ECT!

Francine Kavesh

Autor Francine Kavesh

Francine Kavesh was born in the United States, where she attended Boston University and earned a Bachelor of Arts degree with magna cum laude. Before joining ECT, Francine worked in the British telecommunications market in various posts she held after the market’s deregulation in 1995. Francine contributed to ECT from its inception, is one of the original investors in the company and indeed made the very first ECT sale back in 1998. She is Managing Director of ECT’s UK subsidiary for sales and service in the UK, Ireland and Southern Europe.

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